Se me esta haciendo una mala costumbre esto de escribir no ficción. Eso sí, tengo que reconocer que es mejor que directamente no escribir, sirve (parafaseando a García Márquez) como disciplina para mantener el brazo caliente.
Después de un largo largo tiempo retomo temáticas de ribetes socio-politicos. Se trata en este caso de ciertas declaraciones del flamante ministro de Educación porteño, Abel Posse. Más allá de residir en una zona que escapa a su jurisdicción y por ello no deberia preocuparme, no me alarma tanto el hecho (predecible por cierto) que Macri lo haya integrado a su gabinete si no las opiniones que dio al ser entrevistado por Página/12 el domingo pasado (http://www.pagina12.com.ar
Usted sostiene que “el rock estupidiza a los jóvenes”.
–Yo tengo una opinión del tango y del rock. Siempre el rock a mí, y a mi generación, le pareció un hecho muy foráneo y que estaba ligado a una cosa que no era muy saludable. Fue la fuente y el origen de una forma juvenil que fue terminando muy mal. Eso es lo que yo pienso.
–Entonces, ¿va a mantener el programa “Vamos las bandas”, del Ministerio de Educación porteño?
–No, ¿cómo voy a suspender las bandas? Eso es un hecho social.
–¿Y el programa educativo?
–No sé, no llegamos a eso. Voy a mantener todo lo que haya que mantener y de lo que la gente vive. Puedo estar en contra del fast food y no por eso voy a cerrar los McDonald’s.
¿Qué hacer frente a este tipo de declaraciones? por un lado causan gracia, hace reir que 40 años después haya gente que siga sosteniendo este tipo de puntos de vista con argumentos tan cavernicolas. Pero también estremece saber que alguien con semejante pensamiento está a cargo de la educación y la cultura en la ciudad de Buenos Aires. Pertenezco a una generación que es hija de aquella otra, la generación que soño con un mundo mejor, ideal por el cual muchos murieron de la peores formas posibles. Que este gorilón tenga el tupé de decir algo semejante revela un desprecio y un asco por todo lo que el rock (junto con la música clásica, el jazz y el metal, una de las mejores ramas musicales que tuvo a bien crear el hombre) implica no solo como música si no como movimiento cultural, representa un desprecio a todo lo que ha significado para nosotros. En los años de la dictadura cuando la gente desaparecia en las noches y pretendian tapar los gritos de torturados con las radios, Seru Giran cantaba en clave de metáforas lo que pasaba en el país. En los 80, probablemente la época de oro del rock nacional, tuvimos una apertura impresionante que significo un respiro para muchos, una ventana a algo que hasta entonces estaba casi olvidado: cosas como salir tranquilo de noche sin que te paren los milicos pidiendote el DNI, ir a un recital y volver tranquilo. Los 90 fueron retratados en un disco de Divididos de modo insuperable: la era de la boludez. Y ya entrando a este siglo, el rock sigue dando muestras de que tiene pilas para rato. Frente a todo esto, el señor Posse se planta y dice que el rock corrompe a los jovenes, los lleva a una forma de vida que "termina mal". ¿A qué se refiere? ¿Acaso habla de la drogadicción, del consumo de alcohol, de un estilo de vida licencioso y sin limites? eso ha existido desde hace siglos, el marqués de Sade es un buen ejemplo, y persiste aun hoy sin que el rock tenga nada que ver en el asunto. Los que terminan vomitando en una esquina con más alcohol que sangre en las venas no escuchan necesariamente Calamaro, Las Pelotas o Guasones. Acusar al rock de fomentar ese tipo de conductas es, vuelvo a repetir, una total falta de ubicuidad.
Pertenecemos, es cierto, a una generación que no ha hecho del rock su música de cabecera. Más de uno se lamenta al comparar cómo hemos pasado de escuchar Pescado Rabioso, Alas, Pink Floyd o Led Zeppelin a escuchar Don Omar, Daddy Yankee o Wisin y Yandel. Existe, por suerte, gente que disfruta aun con otros estilos musicales más escuchables (en el sentido de que el reggaeton es más bailable que escuchable). Que no decaiga, entonces, por nosotros y por quienes nos precedieron, alzemos a coro las voces y cantemos, con el mismo orgullo con que pretendieron que cantaramos el himno, las obras maestras de nuestras bandas favoritas. Cantemos con el Indio, con Luca, con Charly, con el Pity, con Titu Soto, con el Flaco Spinetta, en fin, cantemos con todos ellos lo que sabemos, que el rock no va a morir nunca, que ladra... y muerde.
VIVA EL ROCK

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