lunes, 21 de diciembre de 2009

Dark side of the wall


Estuve un poco ocupado en los últimos días y falto de ganas de escribir, pero no quise dejar pasar más tiempo para esto.
Habrán notado ya mi afición a las fechas, en especial a los sucesos destacados. Quisiera, si me permiten, hacer otro tanto en esta ocasión.
Quizá a muchos el 30 de noviembre de 1979 sea una fecha como puede ser 25 de abril de 1935 o 6 de agosto de 1456, una fecha cualquiera. Pero para quienes conocen un poco más del tema estarán al tanto que recientemente se cumplieron 30 años de la publicación de uno de los mejores álbumes jamás compuestos, una obra maestra de la música como hacia mucho no se veía (y se verá): la publicación de The Wall. Poco antes de la ruptura definitiva con Roger Waters, bajista, vocalista y principal compositor de la banda, Pink Floyd nos daba uno de sus mejores trabajos. No me atrevo a decir que este disco es comparable con Dark side of the moon, no porque uno sea mejor que otro, sino porque fueron compuestos en períodos completamente distintos: mientras que dark side... fue producto de un trabajo conjunto de los cuatro integrantes del grupo, the wall es una opera-rock concebida, compuesta y producida exclusivamente por Waters, salvo por cuatro canciones que cocompuso con David Gilmour y Bob Ezrin.
No quiero extenderme demasiado en la historia de la banda, los que la conocen no lo necesitan, y los que no la conocen se aburrirán. Como dijo Voltaire, el secreto de ser aburrido consiste en decirlo todo. Vayamos pues, al grano.

¿Qué es "the wall", qué quiso expresar Waters en una obra cuya puesta en escena implicó miles de dólares y la pérdida de otros tantos? la idea de pared, de muro, nos remite a una separación. Una pared que divide un lugar en dos, o que separa a un lugar de otro. La trama en sí parece sencilla, pero como toda buena historia, esconde bajo su superficie una maraña de reflexiones sobre ciertos temas que fueron constantes en Waters: Pink, un músico de éxito, cae en una depresión producto de lo que el considera una vida vacía de sentido. La fama y el dinero no son suficientes para evitar que haga un balance entre su pasado y su presente: una madre sobre protectora, su padre muerto en la guerra, un maestro golpeador, el hecho de que su novia lo engañe... todo ello desemboca en un brote de locura que lleva a Pink a destruir su apartamento, raparse la cabeza (toda la cabeza, no solo el cuero cabelludo) y tener alucinaciones. Mientras esto ocurre en el exterior, en el interior de su atormentada psique se desarrolla una idea constante: la de un "muro" que lo aísla del resto de la gente, de los peligros y las miserias que lo acosan. Pink construye un muro que le permita resguardarse de lo que considera una sociedad hipócrita, violenta, vacía de sentido.
La historia (que se puede apreciar mejor en la versión fílmica de Alan Parker de 1982) es rica en símbolos y metáforas, y constituye una cruda reflexión de las obsesiones de Waters: la guerra, la locura, el amor, la cultura de consumo, la fama, la soledad, el sentido de la existencia. Por supuesto que el incluir este tipo de conceptos en las composiciones no era algo novedoso; Pink Floyd se caracterizaba desde hacia tiempo por combinar una música compleja y elaborada, de capas de exquisitos sonidos, con letras que transpiraban filosofía y experimentación lírica.
Es interesante asimismo el conflicto que mantiene Pink consigo mismo. Esto queda plasmado en el último tema del primer disco y el primero del segundo, good bye cruel world y Hey, you respectivamente. Mientras que el primero tiene una melodía tranquila, triste y de despedida (there’s nothing you can say to make me change my mind… good bye), el segundo surge como una respuesta a esa despedida tan desoladora, un pedido de auxilio, un aliento a seguir ( hey you, out there beyond the wall, breaking bottles in the hall, can you help me?; hey you, don’t tell me there’s not hop at all) pero al mismo tiempo dejando a la vista cierto pesimismo (but it’s only fantasy, the wall was too high as you can see). "Hey, you" es sin duda una de las mejores piezas de la obra. Toda la segunda parte de la obra se centra en el conflicto entre las alucinaciones de Pink (el muro que lo separa del resto del mundo) y un deseo por salir, al reconocer el error que comete al apartarse de esa manera de quienes lo quieren. El “juicio” imaginario al que se somete es un ejercicio de mea culpa donde vuelve a hacer un balance de su vida y se reconoce como el único culpable de su condición actual, forzándose a destruir la pared para no quedarse solo. Ha comprendido que la soledad es aun peor que los males de los que buscaba huir.


Hasta acá, creo yo, una lectura de "The wall" en tanto obra conceptual. Falta consignar cómo llegó a mí y cómo influyó en la conformación de mi forma de ser, de ver el mundo y de ver a la gente.
Conocí a Pink Floyd como conocí a casi todo lo que leo, escucho, veo o creo, por mi viejo. Todavía me recuerdo escuchando entre asustado y deslumbrado Shine on you crazy diamond (part 1-5), Pigs (three different ones) y la que sigue siendo una de mis favoritas, Wish you were here. Con todo, creo que el disco que más me impresionó en esos años tempranos y es todavía mi favorito ha sido el que vengo analizando. Aun sin conocer yo el idioma inglés estaba hechizado por el vitalismo la fuerza de la música que hacían esos hombres de quienes ignoraba hasta el nombre y solo sabía el del grupo que habían formado. Otra vez, estando mi papá fuera de casa o en otro lado, encontré la película. La reconocí en ese momento por haber visto la caja en otras ocasiones. No se trataba de una edición subtitulada ni doblada, sino de una versión original hecha para un público angloparlante. Mi papá, decía, me había dicho que no la viera, por considerarla mi madre demasiado “violenta”. La curiosidad pudo más en aquella ocasión, que supe única y de difícil repetición, así que abrí la caja y puse el cassete en la video, ansioso de encontrar la causa de tan extraña restricción.
Lo que me quedó de esa primera vez (por supuesto sin entender una palabra de lo que decían los personajes) fue cierta atracción por lo que yo llamé en ese momento “dibujos animados”, que en toda su violenta genialidad me parecieron atractivos y que más tarde supe eran alucinaciones. Ni hablar de la escena donde Pink se cree atacado en su apartamento por un monstruo cargado de simbolismo sexual, proyección de su novia adúltera: fue para mí un número de magia. Hay, sin embargo, otra escena que conservo, no se ya si de esa primera vez o de revisiones posteriores, a distintas edades, ya con otras perspectivas. Se trata del segmento que ilustra la canción más difundida del grupo, tanto que (según testimonios de Maria Kodama) llegó a gustar al mismo Borges: Another brick in the wall (pt. 2), aquella donde Waters/Pink atacan al sistema de educación tradicional inglés. Ver la escena de la máquina donde chicos de una edad cercana a la que tenía yo en ese momento eran primero uniformados y enmascarados para después ser arrojados a una picadora de carne me impresionó. Habrá sido la que me brindó la primera concepción que tuve yo de la pared. Cuando mi papá me tradujo la canción pude entender un poco mejor la idea del video. Solo que en ese momento hice una lectura equivocada de lo que era el muro. Ya lo dije, esta es una obra muy densa en cuanto contenido simbólico, no complicada en cuanto hilo argumental, pero rica en reflexiones. Yo en ese momento entendí lo que me pareció correcto. La frase que se repetía constantemente (all in all you’re just another brick in the wall) me dio el pie. La pared, entonces, era “el sistema”. Era el Sistema que buscaba convertirnos en carne picada, en ladrillos, en ser uno más. A partir de ese momento nació en mí un deseo de individualidad, de rebelión al conformismo, a lo establecido y a cualquier cosa que se considerara políticamente correcto. Análisis que sin ser incorrecto no era el que Waters buscaba transmitir. Ignoraba entonces el precio que debía pagar si estaba dispuesto a seguir mi propio camino.
El tiempo fue pasando, y yo sin saberlo fui construyendo mi propia pared. Asqueado de los malestares a los que debía enfrentarme en la vida diaria, escapé hacia otro lugar que conocí (también) por mi padre, y que no me va a alcanzar la vida para agradecerle por haberme abierto las puertas de tan grandioso lugar: el universo literario, del cual me enamoré y al que vuelvo siempre que necesito y quiero. Las horas que pasé leyendo son incontables. Saqué de esto dos cosas: conocimientos que para la mayoría de mis condiscípulos del colegio y amigos eran desconocidos y el desprecio de muchos de ellos. Semejante a lo que había sucedido con Pink, yo era en gran parte responsable por mis actitudes a menudo despectivas hacia ellos, a quienes criticaba por su ignorancia. Las cosas así cayeron en un círculo vicioso: ellos me agredían por mis aires de falsa grandeza, y yo en respuesta me encerraba aun más en las mentiras de otros.
Me tomó mucho tiempo entender finalmente el mensaje que Waters quiso transmitir en su mágnum opus, mensaje resumido en una frase que garabateo en su cerdo que estuvo presente la noche del 18 de marzo de 2007, cuando se presentó en el estadio de River: el miedo construye paredes. Eso era lo que yo había estado haciendo. Pero aun con todo, puedo decir que no me arrepiento. No me arrepiento porque fue gracias a todo eso que soy quien soy, y por supuesto, me siento orgulloso de ello. La pared no esta del todo destruida: aun quedan unos cuantos ladrillos por destruir. Solo que sé que hay alguien ahí afuera, que puede ayudarme. Lo importante, en todo caso, es seguir el propio camino, pero cuando las cosas salen mal, no construir paredes. Tarde o temprano acabamos por darnos cuenta que la soledad que creemos segura es más atroz que aquello de lo que queríamos escapar.


1 comentario:

  1. Loco. Soy Fabián, el editor de Al Flaco... dale gracias. Escribime a fabian@d-rock.com.ar

    Abrazo!

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